Contaminación acústica

Los alcaldes hacen oídos sordos al ruido

Publicado en El País el 30/09/2007.

El Gobierno del PP aprobó en 2003 la Ley del Ruido. Han pasado cuatro años y el texto está sin desarrollar. Tampoco se han terminado los mapas de sonido que 16 grandes ciudades (que suman ocho millones y medio de habitantes) tenían la obligación de presentar antes del 30 de junio. El ruido afecta a todos, pero las medidas para combatirlo escasean. Los vecinos acuden a los tribunales a defender los derechos que las Administraciones no protegen. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece en 65 decibelios el ruido máximo que se puede escuchar sin riesgo para la salud. La UE marca el confort en 55. Industria, transporte y construcción son los grandes emisores de contaminación acústica.¿Quién no se ha despertado en mitad de la noche por culpa del camión de la basura? ¿Quién no ha contado los aviones que sobrevuelan? ¿Quién no ha sentido que una taladradora se instalaba en su casa? El sonido no deseado, es decir, el exceso de ruido, afecta a todos. Según una encuesta del Instituto Nacional de Estadística (INE), tres de cada cuatro españoles dicen que sufren contaminación acústica. Sin embargo, pese a que se trata de un problema muy común, casi nadie baja el ruido.

En 2003 se aprobó una ley para combatir los efectos de esta peculiar polución. Más tarde se publicó un real decreto para trasponer la directiva europea sobre la materia y ahora, previsiblemente el próximo viernes, el Consejo de Ministros aprobará el desarrollo de la ley, que incluye medidas para aislar viviendas. “Muchas normativas, pero pocas medidas concretas destinadas a acabar con el problema”, se queja José Joaquín Herrera, presidente de Juristas contra el Ruido.

Pero las normas ni siquiera se cumplen. El Ministerio de Medio Ambiente dictó órdenes para confeccionar los mapas del ruido en 16 ciudades, todas con más de 250.000 habitantes. El plazo concluía inicialmente el 30 de junio y se prorrogó hasta hoy. Nadie ha hecho los deberes, según el ministerio. Las demarcaciones con tareas pendientes son Alicante (310.330 habitantes); Barcelona I (1.611.467), Barcelona II (331.377) y Baix de Llobregat (con 466.854); Bilbao (352.317); Córdoba (308.072); Gijón (271.039); Madrid (3.099.834); Málaga (con 558.265); Murcia (398.815); Palma de Mallorca (379.898); Las Palmas de Gran Canaria (377.643); Santa Cruz de Tenerife (360.388); Sevilla (709.975); Valencia (785.732); Valladolid (321.713); Vigo (292.059), y Zaragoza (638.799). AENA tampoco ha concluido los mapas acústicos en los que debía medir los decibelios en aeropuertos civiles con más de 50.000 movimientos al año. Y Fomento todavía trabaja para evaluar los grandes ejes viarios cuyo tráfico supere los seis millones de vehículos al año y los nudos ferroviarios con una circulación de más de 60.000 trenes al año.

Según un estudio de Medio Ambiente, el transporte de vehículos, aéreo y ferroviario genera el 80% de la contaminación acústica en España. El 10% corresponde a actividades industriales y de comercio. La construcción de edificios e infraestructuras supone el 6%, y las actividades de ocio (bares, discotecas y locales de ocio), un 4%.

“Esperamos tener los mapas para final de año y poder extraer las primeras conclusiones sobre la importancia real del problema”, explica Jaime Alejandre, director general de Calidad y Evaluación Ambiental.

Algunas ciudades ya trabajan para cumplir la exigencia del ministerio. Es el caso de Madrid, que admite el retraso en la entrega. En la capital, el mapa sólo mide la contaminación producida por el tráfico. Las zonas con más decibelios, según el estudio, son la confluencia de O’Donnell con la M-40, el paseo de Recoletos, el nudo de la carretera de Andalucía (A-4) con la M-40 y, en general, todos los puntos con alta densidad de circulación, como la M-30 o el paseo de la Castellana. En esas áreas se rondan los 71 decibelios de media anual durante el día. El umbral máximo recomendado por la UE, como límite del confort, es 55. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) fija en 65 el máximo que se puede recibir sin riesgo para la salud.

En ciudades como Valencia, la media nocturna llega a 57 decibelios. Durante el día, la media se eleva a 63. Según el informe del Gobierno vasco, que no ha medido la circulación dentro de los cascos urbanos, señala que, en algunos edificios de Bilbao y San Sebastián, se superan los 70 decibelios durante la noche.

Con los mapas de ruido se harán los planes de acción, es decir, se establecerán las medidas concretas para reducir las emisiones. “Con estos mapas se decidirá dónde se puede construir un hospital, un colegio o una zona residencial”, señala Alejandre.

“Lo que el Gobierno pretende es hacer mediciones sobre grandes ejes industriales y de transportes, pero no va a atajar lo que verdaderamente molesta a los ciudadanos, el ruido urbano”, se queja Herrera.

De las 120 asociaciones contra el ruido que hay en España, 100 corresponden a colectivos contra las molestias que provienen del ocio, contra las que los ciudadanos se encuentran más desprotegidos. Este olvido, que incluye también a los grupos ecologistas que no se ocupan de este problema, ha activado el trabajo de las asociaciones vecinales y ha abierto otras vías de reclamación, incluyendo las judiciales. El Defensor del Pueblo también redactó un informe en 2005 con 500 quejas sobre los efectos de la contaminación acústica.

Según los especialistas, el aumento de ruido provoca daños psicológicos -trastornos del sueño, nervios, estrés, ansiedad y agresividad- y fisiológicos -migrañas, pérdida de capacidad auditiva, aumento de la tensión cardiaca y problemas vasculares-.

Para desarrollar la Ley del Suelo, el Consejo de Ministros aprobará un paquete de medidas referido a la vivienda. La ministra Carme Chacón ha adelantado algunas de las modificaciones que incluirá el Código Técnico de la Edificación, de forma que todas las viviendas de nueva construcción y todas las rehabilitadas a partir de 2008 cumplan la normativa de protección frente al ruido. Así, se fijará en 50 decibelios el límite de ruido contra el que deberá proteger el aislamiento de la pared medianera entre un dormitorio y la vivienda anexa.

“Del ruido en la calle nadie se ocupa”, se queja el representante de los juristas. “En España, los Ayuntamientos son competentes en estas cuestiones, pero son incapaces de acometer los problemas.

No se les apoya económicamente, ni hay voluntad política”, denuncia Herrera. “La ley no se adapta a la realidad social. No trata la movida, el botellón, el incumplimiento de horarios o las motos a escape libre…, el ruido que a todos nos molesta”.

Cuando contamina la Administración

A las 23.00 una procesión de barrenderos empuja sus carritos desde el almacén de la calle de Antonia Díaz, en Sevilla, hacia sus zonas de limpieza nocturna. Enfrente, en el balcón de su casa, Angustias García cuenta más de 40 trabajadores que llevan varios minutos concentrados en la acera charlando, fumando un pitillo y haciendo tiempo antes de comenzar su jornada.

A partir de las 5.30 retornarán gradualmente al mismo lugar. Arrastrando el carrito sobre el pavimento, fumando, gastándose bromas o peleándose a gritos. A veces hay asambleas sindicales. “No reprimen las reacciones, no van con el sigilo de que es madrugada y pueden molestar. Y esto ocurre una tras otra, todas las noches del año”, relata en el salón de su casa, un tercer piso hasta el que llegan con claridad las voces de los empleados de Lipasam, la empresa de limpieza del Ayuntamiento de Sevilla, y el soniquete de sus carritos.

La jornada laboral de la cuadrilla coincide con el descanso de Angustias García, una periodista de televisión que comienza a trabajar a las 7.00. “Desde que cambié el turno, hace cuatro o cinco años, es horrible”. Su habitación da a la calle. Llega al estudio alterada e irritada. En varias cartas, ha pedido a la empresa el traslado de la nave. “Dicen que lo contemplan, pero no de forma inminente”. Lo paradójico, expone, es que una Administración pública que está luchando por atajar la contaminación acústica sea “la misma que tiene una calle a la que está fastidiando la vida”.

150 noches al año en vela

Josep Lluís Romero, de 49 años, vive en un barrio tranquilo a 10 minutos del centro de Valencia. Eso, de lunes a jueves. Después empieza “el infierno absoluto hasta el domingo”. Llega la marcha nocturna. Un ruido descomunal invade su piso, que comparte pared con un pub. Una pared demasiado fina para evitar que un “tachín, tachín” de decibelios desbocados le persiga por la casa y despierte a su hijo de 11 años. “Vibra todo, y no sólo se oye la música. También a la gente, y hasta el tintineo de las copas”, cuenta este médico. Romero intentó durante años razonar con los sucesivos dueños del pub. No sirvió de nada. Tampoco las llamadas a la policía. Si los agentes ven un coche mal aparcado, lo multan. Si el vecino denuncia el ruido, “exigen que presente denuncia, no actúan de oficio”.

La pesadilla de Romero es la de muchos vecinos del barrio de Arrancapins, conocido por la zona de ocio del entorno de la calle de Juan Llorens, en la que en tres manzanas se concentran más de 30 locales. Junto a otros vecinos, Romero denunció en 1999 al Ayuntamiento por incumplir su propia ordenanza al no declarar esas calles zona acústicamente saturada e imponer limitaciones al desmadre. El Tribunal Supremo les dio la razón en marzo pasado. No se ha movido nada. “El Ayuntamiento se preocupa mucho de grandes eventos, de la Copa del América y la fórmula 1. Pero, en mi caso, el gran evento es dormir”, dice Romero, al que le roban el sueño “150 noches al año”.

“Son como moscas pero con motor”

Por el aeropuerto de Barajas aterrizan y despegan una media de 1.000 aviones diarios. La actividad que genera es frenética. Y además, muy molesta. Cada avión que llega o parte del aeródromo madrileño produce un zumbido estremecedor. “Hay algunos aviones que se desvían y pasan por encima de Tres Cantos -a 30 kilómetros al noroeste de Madrid-, entonces es terrible. Por la noche es aún peor”, cuenta Jaime Alonso, vecino del municipio tricantino. Es una de las más de 40.000 personas afectadas por la actividad de Barajas. AENA, el organismo que gestiona los aeropuertos nacionales, presentó el pasado 30 de junio el Mapa del Ruido del aeropuerto madrileño. Lo que hizo fue cumplir con el trámite administrativo para presentarlo a tiempo porque los datos utilizados para su elaboración son de 2004, antes de que entrara en funcionamiento la nueva terminal T-4 y sus dos nuevas pistas.

Aún así, según ese mapa, la actividad de Barajas afecta a 16 municipios de la Comunidad de Madrid, el 88% de los vecinos de estas localidades soporta más de 60 decibelios. El umbral máximo recomendado por la Organización Mundial del Sonido (OMS) es de 65 decibelios.

Este Mapa del Ruido ha levantado a los vecinos en pie de guerra porque rebaja el impacto acústico del aeropuerto. Según cifras de la Asociación contra el ruido de Tres Cantos, unas 500.000 personas de 34 municipios padecen el estruendo de los aviones que sobrevuelan el cielo de Madrid. “Son tan molestos como las moscas pero con motores que los hacen insoportables”, dice Alonso.

En San Fernando de Henares y Coslada los vecinos ya se han acostumbrado al paisaje de los aviones sobre los edificios. Cada cuatro minutos uno de éstos surca el cielo y un zumbido lo delata. Pasan tan bajos que se puede leer las matrículas de las aeronaves. Por eso, AENA ha trasladado a un barrio entero de San Fernando a unas 250 personas para alejarlas del zumbido de los aparatos que pasan por Barajas.

Ahora el ente público prepara la Huella Sonora, un documento que definirá exhaustivamente las zonas afectadas por el ruido de los aviones y propondrá soluciones para reducirlo.

“Esto no hay quien lo aguante”

Josefa Pérez tiene 62 años y es vecina del barrio de Sants de Barcelona. El piso del edificio donde vive está en el paseo de Sant Antoni, muy cerca de la estación ferroviaria de Sants, rodeada de grúas y demás maquinaria de construcción que la preparan para la futura llegada del AVE.

En la plaza de Joan Peiró, detrás de la entrada principal de la estación, las continuas perforaciones de las taladradoras cargan el ambiente de polvo pero, sobre todo, de ruido. “Este ruido es mortal, estoy en el mismísimo corazón de todo”, se lamenta.

Desde su balcón puede contemplarse la estación y dos socavones que se han cavado para construir las diversas instalaciones. Pero la vista no es lo peor: “No sólo sufrimos el ruido de día, también de noche. Cuando estoy en la cama siento las vibraciones que provoca el continuo paso de trenes. Entre esto y las obras del AVE, el ruido y las vibraciones se hacen insoportables”, se queja.

Pérez explica que ahora “han aflojado un poco” pero que el ruido fue insoportable cuando las grúas empezaron a cavar y sacar tierra para hacer los dos enormes socavones. En uno construirán nuevas instalaciones de la estación y en el otro harán un edificio, como dice, de 11 plantas. Pérez recuerda que los trabajos de las grúas que excavaban causaron grietas en las paredes de su piso. “Los del Ayuntamiento vinieron a hacer unas fotos de las grietas. Supongo que cuando acaben las obras vendrán a repararlas”, dice rendida.

Josefa Pérez entiende que los obreros hacen su trabajo y que el ruido de las grúas es inevitable. Aun así, está muy cansada de soportar los decibelios y las molestias provocados por las grúas. También trabaja de portera en un edificio que está enfrente del suyo: “Paso todo el día entre ruido, polvo, escombros y, por si fuera poco, también siento el paso de los trenes. Espero que el AVE sea más tranquilo”, dice.

Hartos de todo este panorama los vecinos de Sants en general y Josefa Pérez en particular no consiguen ver el final de toda esta historia: “Creo que todas estas molestias no terminarán con la llegada del AVE, aún tienen que acabar de construir los edificios”, sentencia.

Esta entrada fue publicada en Prensa y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>