Una luz en cultura

Publicado en Ideal el 27/03/2007.

Remedios Murillo. Mujeres por Granada.

Se ha encendido una luz en el Paseo del Salón, algo ha iluminado la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía. Se ha suscitado una esperanza, el ánimo se alegra ante lo que parecen ser unas actitudes distintas. Hace años, demasiados ya, que las personas a las que nos inquietan los temas de la ciudad tratamos de no desmoralizarnos, de no sucumbir, de mantener el equilibrio y seguir luchando a pesar del temor de estrellarnos contra ese muro de poderes que gobiernan la ciudad y en el que se percibe desde la lejanía el olor a enfrentamiento y confrontación. Sabemos que cualquier pretexto es bueno para el bloqueo, la paralización y la disidencia. Por fin, tras una larga travesía por el desierto, en la figura de Pedro Benzal, se atisba un talante distinto, un deseo de ejercer de la manera más constructiva el cargo que se le ha encomendado. Una decidida voluntad de salir de la Delegación, el día que le corresponda, con la cabeza alta y los deberes bien hechos para con la ciudad, sin importarle demasiado las medallas políticas. Eso al menos, es lo que dejó claro delante del viceconsejero de Cultura y de otras muchas personalidades, al término del debate sobre el Teatro de la Ópera

Enhorabuena delegado por las palabras que cerraron el ciclo de mesas que la Real Academia de Bellas Artes ha organizado. Han sido cuatro días para aprender, para oír atentamente voces expertas que han aconsejado sobre distintas cuestiones, todas ellas referentes a lo que debe y no debe hacerse, cuando se emprende una obra de la trascendencia de un espacio escénico, definitivo y acorde con la importancia de una ciudad que, se quiera o no, es la capital cultural indiscutible de Andalucía Oriental. Allí, en la Sala de Conferencias de la facultad de Derecho, se han levantado las voces de los arquitectos, de los gerentes de teatros importantes, de los músicos y, por último, las de los políticos; allí hemos escuchado y se nos han aconsejado mil cosas imprescindibles y todas serán recogidas en un libro que, me imagino, recibirán todos aquellos que tengan alguna responsabilidad en el asunto prioritario y ya apremiante, de construir un gran Teatro, para que Granada cultive esa parcela de las bellas artes que siempre anda renqueante por falta de las grandes obras de la ópera, la danza y la representación teatral. Nada ha quedado a la improvisación, nada ha escapado a la siempre ejemplar Academia, a la que hay que felicitar, en su junta de gobierno y, muy especialmente, en la persona del profesor González Pastor que, en este caso, ha sido el responsable directo de que hayamos tenido la oportunidad de oír a veinte personas que, cada una de ellas, en su especialidad, eran auténticas autoridades.

Quedó claro que los seis mil quinientos metros de solar son suficientes, porque la edificabilidad es la clave y, por ejemplo, el Liceo de Barcelona tiene siete plantas bajo nivel y la altura de otras tantas, o más, sobre la rasante del terreno; que los responsables de su construcción han de mimar, no solo la importantísima acústica de la que la catedrática de Alcalá de Henares, profesora Frías, dio una lección magistral, hablándonos del comportamiento del sonido con el conocimiento, la naturalidad y la cercanía del que lo hace de un amigo entrañable. Se nos alertó sobre el tema de la visibilidad, porque, aunque parezca mentira, en el teatro Real de Madrid hay trescientas cuarenta butacas que no ven el escenario (dicho por su simpático director) y, aunque esto que voy a decir parezca un chiste, algún músico expuso que en Valencia, en el maravilloso Teatro de las Artes, diseñado por el genio de Calatrava, la puerta del escenario es tan angosta que no permite el paso de un piano de cola y por los pasillos de acceso a la escena no pueden circular las carretillas que llevan las cajas de los violonchelos por su escasa altura. Cuando el director quiere saludar a la orquesta en los camerinos, tiene que dar la vuelta por la calle ya que no se ha previsto la comunicación interior entre las distintas zonas.

Anécdotas curiosas que nos llevaron a la conclusión de la exigencia de concitar un equipo multidisciplinar importante, de la necesidad de oír a muchos técnicos, elegir a los mejores y caminar, con todos lo cabos bien atados, hacia un proyecto grandioso e ilusionante.

Señor Benzal, sus palabras fueron la guinda del gran pastel. Hacía tiempo que no oíamos hablar con la sinceridad con que usted nos habló. Fue la mesa de los políticos, pero sus palabras desmentían su condición. Ojala no nos defraude, ya sabemos, porque así lo ha declarado el señor Visedo (no hay nada más peligroso que un animal -racional- herido) que, por intereses partidistas, se han estado bloqueando los grandes espacios culturales de Granada: el Centro Lorca -del que ya es casi imposible gastar los fondos Feder en el tiempo concedido- y el Teatro. Ahora su reciente nombramiento nos trae alguna esperanza, (y ¿vive Dios! que su estreno no nos gustó) su posterior actuación en el Salón, autorizando a seguir la obra, exigiendo los bordillos de ladrillo, etc, nos parece constructiva y de buen gestor, continúe caminando por estas sendas en las que florece el entendimiento, la lógica y el futuro de Granada.

Cuando al finalizar el debate un grupo de ‘Mujeres por Granada’ nos acercamos a saludarle, pudimos constatar con satisfacción que no se oponía a nuestra propuesta de que empiece tomando la mano de la ciudadanía, alejándose de rencillas y partidos, y reclame para esta capital, la propiedad, cesión, arrendamiento o venta del edificio del Banco de España como lugar ideal para erigir un buen Centro Cultural que dinamice el corazón de la ciudad. Para la Escuela de Fiscales el municipio tiene a su disposición diversos solares a elegir, con buenos accesos y más aptos para la tecnología punta que hoy precisan estos centros.

Ciertamente, la política nos está acarreando a los votantes decepción y escepticismo, pero con palabras como las del señor delegado, llenas de sensatez y buenos propósitos, los granadinos podemos recobrar la ilusión por el futuro, la fe en los nuevos proyectos y la esperanza de que alguien, con altura de miras, se mueva con gestos de nobleza, dejando en la cuneta del partidismo más mezquino, los intereses inconfesables, las rencillas ideológicas y la búsqueda servil de los votos.

Esperemos que estos nuevos modos preconicen que una fértil primavera florezca en el Paseo del Salón, y, no solamente en los renovados jardinillos.

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