Puro teatro

Publicado en Granada Hoy el 24/09/2008.

Alejandro V. García

La Academia de Bellas Artes, que preside el compositor José García Román, ha mandado a las autoridades una petición casi desesperada (el tiempo corre fatalmente en contra de cualquier replanteamiento) para duplicar la extensión de la parcela donde se construirá lo que algunos llaman (no hay unanimidad) el teatro de la ópera. El planteamiento de la Academia supone pasar de los 6.553 metros cuadrados a 13.106 mediante la anexión de un espacio verde fronterizo. El otro día, en una de las mesas redondas sobre el futuro teatro que organizó la propia academia, tuve ocasión de escuchar a García Román describiendo con devoción y una minuciosidad sorprendente el teatro de sus sueños.
Y no hay duda, el sueño de García Román, en contra de quienes sostienen que las fantasías no ocupan lugar, necesita por lo menos 13.000 metros para desplegarse. En caso contrario, el Teatro de la Ópera más que un amplio sueño sería una modesta siesta. Pero son varias las dificultades que obstaculizan la propuesta académica. Primero, la (im)posibilidad de acometer el cambio en el planeamiento urbanístico para recalificar la parcela de espacio verde; segundo, la modificación presupuestaria; tercero, la tardanza (equivaldría a empezar desde cero); y cuarta, la perezosa voluntad de la Administraciones.

Pero además hay otro asunto fundamental: el tipo de teatro que queremos construir. Yo no estoy seguro de que la Junta de Andalucía quiera levantar un teatro de la ópera puro, como el Liceo o el Teatro Real. Es posible incluso que hacer un teatro siguiendo el modelo de los que construyó la burguesía ilustrada en el siglo XIX sea un anacronismo. Al futuro centro cultural se le ha denominado oficialmente en los últimos meses “teatro de la ópera”, teatro a secas, “espacio escénico” y últimamente “gran teatro”.

Esa ambigüedad en la definición del modelo está en la base de todas las vacilaciones que han caracterizado la fase preliminar. La diferencia entre un teatro de la ópera y un “espacio escénico” no sólo son de contenido sino también de presupuesto para sufragar los contenidos. Por tanto, cuidado, la responsabilidad de la elección, si se hace mal, puede ser aplastante.
Es un error muy común el exigir espacios culturales sin pararse a pensar en cómo y con qué llenarlos. En nuestra provincia hay dispersos en los pueblos decenas de teatro municipales cerrados a cal y canto y otros, incluida la capital, pésimamente programados. Posiblemente José García Román sea uno de los pocos granadinos que no se ha limitado a pedir un edificio y ha imaginado un teatro de la ópera y lo ha poblado de detalles. Él, al menos, sabe lo que quiere.

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